Reconocimiento, Ética y Futuro:


La Institucionalización del Periodista
Deportivo en México


Diego Álvarez del Villar |

Fundador y Director General de VAR Deportivo


Ponente

Ciudad de México

 

Diego Álvarez del Villar, periodista deportivo con más de una década de experiencia y parte del grupo que impulsó el Día Nacional del Periodista Deportivo, plantea un llamado urgente a revisar el papel del periodismo deportivo en la crisis de credibilidad que atraviesa el gremio.


En su ponencia  “Reconocimiento, Ética y Futuro: La Institucionalización del Periodista Deportivo en México”, expuesta durante la IX CUMBRE INTERNACIONAL DE PERIODISMO CONAPE CIUDAD DE MEXICO 2026,  Álvarez del Villar plantea una reflexión urgente sobre la desinformación —rumores, fichajes inventados, declaraciones manipuladas y contenidos sin verificación—  que dejó de ser un accidente para convertirse en un modelo de negocio que ha deteriorado la reputación del oficio, especialmente en México, donde el género más consumido por la audiencia se ha transformado en una fuente estructural de desconfianza hacia el periodismo en general:

 

Buenas tardes, colegas.


Estar hoy en la Cumbre Internacional de Periodismo CONAPE, en el Museo del Periodista del Club de Periodistas de México A.C., no es un acto cualquiera. Este lugar guarda la memoria de quienes se jugaron la vida y la carrera por contar lo que otros querían ocultar.


Pero, sobre todo, nos lanza una pregunta incómoda: ¿qué estamos haciendo hoy con ese legado?


Soy Diego Álvarez del Villar, periodista deportivo desde hace más de diez años en medios impresos, digitales y multiplataforma. En 2023 tuve el privilegio de integrar el grupo que impulsó el Día Nacional del Periodista Deportivo, siendo el más joven de un equipo en el que estaban figuras como Juan Manuel Damián (QEPD) , Jorge Bernejo, José Garduño, Artemio Cano, Jesús Yáñez Orozco —Premio Nacional de Periodismo—, Fernando Schwartz, David Faitelson, Abril del Río, Irma Cuevas y Francisco Javier González.


Lo menciono por una razón concreta: si peleamos un día para reconocer al periodista deportivo, entonces también tenemos que estar dispuestos a asumir la parte incómoda de ese reconocimiento. No sólo se trata de que nos aplaudan. Se trata de preguntarnos si estamos a la altura ética, profesional y social de la influencia que tenemos.

 

 

Hoy quiero hablarles de algo que no podemos seguir evadiendo: la desinformación en los medios deportivos. Porque, nos guste o no, una buena parte de la crisis de credibilidad del periodismo tiene su raíz en cómo hemos tratado —o maltratado— la información deportiva.


I. El ecosistema roto


Llamemos las cosas por su nombre. La desinformación no es “un error”, ni “una mala fuente”, ni un “se nos fue”. La desinformación es información falsa o engañosa, que termina distorsionando la mirada de la gente. En nuestro campo eso tiene formas muy concretas que todos conocemos:

 

  • Fichajes inventados “para ir calentando el mercado”.
  • Rumores sin fuente que se repiten hasta que parecen verdad.
  • Declaraciones sacadas de contexto para generar escándalo.
  • Imágenes o capturas manipuladas que corren sin verificación previa.
  • No son accidentes. Con demasiada frecuencia son parte del modelo de negocio.

 

El newsletter de industria deportiva, El Míster lo puso en números: en Europa, el porcentaje promedio de acierto de los medios cuando hablan de fichajes ronda el 30%. Traducido: decada 10 “bombas” que lanzamos, unas 7 jamás explotan. Son ruido. Son humo. Y aun así nos hemos acostumbrado a vivir de ese humo.


El problema es que cuando el rumor se vuelve costumbre, la mentira deja de ser excepción y se convierte en método. Y cuando la mentira es método, lo que está en juego ya no es una nota: es la reputación de todo un oficio.


II. México: el espejo más incómodo


En México el asunto es aún más delicado. El periodista Mauricio Cabrera lanzó una frase que debería estar pegada en todas las redacciones del país: “gran parte del problema de credibilidad del periodismo mexicano pasa por cómo hemos degradado el periodismo deportivo, que es el que más consume la gente.”


Y tiene razón.


Si el periodismo que la mayoría de las personas ve todos los días está lleno de chismes, ataques y descalificaciones personales, es natural que no crea en el periodismo en ninguna de sus formas.


Verbigracia: no estamos hablando sólo de “programas de debate candente” o de “show deportivo”.  Hablamos de que el género más consumido se ha convertido, muchas veces, en la principal fábrica de desconfianza hacia el periodismo en general.


Si el producto periodístico más visto, más oído y compartido es también el más descuidado en términos éticos, el problema deja de ser un asunto de nicho: se vuelve estructural. Nos arrastra a todos.


III. La velocidad de la mentira


Además, tenemos un rival que juega con mucha ventaja en velocidad.


Explico:
Una investigación del MIT, publicada en Science, analizó 126,000 historias en Twitter a lo largo de 11 años y encontró que las noticias falsas se difunden más rápido, más lejos y a más personas que a las verdaderas. Las falsedades tienen alrededor de 70% más probabilidades de ser compartidas que la información cierta.


Piénsenlo en clave deportiva:

  • Un rumor de fichaje “cerrado”.
  • Una supuesta pelea en el vestidor.
  • Una “bomba” de escritorio sobre la salida de un técnico.

Todo eso vuela a una velocidad que el desmentido no alcanza. Cuando llega la corrección, la narrativa ya se instaló. El daño ya se hizo.


La desinformación, entonces, se vuelve una ventaja competitiva de corto plazo... pero una trampa mortal a largo plazo. Hoy puede traer tráfico; mañana te cuesta la credibilidad. Y cuando la perdemos, no solo audiencia se aleja: perdemos el sentido de lo que hacemos.


IV. Una tormenta perfecta: desinformación + caída de confianza


Al mismo tiempo, el contexto tampoco ayuda. El Digital News Report 2025 del Reuters Institute muestra que a nivel global sólo el 40% de las personas confía en “la mayoría de las noticias la mayor parte del tiempo”. En México, esa confianza cae hasta aproximadamente 36%, cuando en 2017 era cercana al 49%.

Y mientras tanto, influencers, streamers y creadores independientes llenan esos huecos. No siempre con más rigor, pero sí con más cercanía y, sobre todo, sin el peso de la responsabilidad ética que sí recae sobre nosotros.
Aquí es donde el periodismo deportivo tiene que hacerse una pregunta incómoda:


¿Queremos competir en el terreno del chisme y la ocurrencia con quienes no tienen código ético... o queremos recuperar en la cancha de la credibilidad que siempre debió ser nuestra?
V. La salida: volver al oficio, no al pasado


La salida no es añorar “los viejos tiempos” ni demonizar la tecnología. La salida es más sencilla y difícil a la vez: volver al periodismo.

 

  • Volver a verificar antes de publicar.
  • Volver a distinguir entre información, opinión y entretenimiento.
  • Volver a darle nombre y apellido a las fuentes.
  • Volver a poner el contexto por encima de la frase extraída de Twitter.

En esa ruta hay ejemplos que vale la pena mirar. BBC Verify, por ejemplo, ha construido una unidad que combina verificación de datos, análisis de imágenes, uso de satélites y herramientas de inteligencia de fuentes abiertas para combatir desinformación en tiempo real. No sólo es tecnología. Se trata de una decisión editorial: no publicar sin método.


En esa misma lógica nació VAR Deportivo. Desde México, nuestra plataforma asume la verificación de datos deportivos como su eje central. No somos árbitros del espectáculo: somos el VAR de la información. El ojo frío que revisa la jugada cuando la emoción y la prisa amenazan con deformarla.


VI. El valor real del periodismo deportivo


A veces se menosprecia al periodismo deportivo como “soft” o “entretenimiento”. Los estudios dicen algo diferente: es uno de los formatos informativos con mayor audiencia y tiene un impacto directo en cómo las personas construyen sus ideas sobre el mundo que las rodea. Muchos ciudadanos se asoman a la realidad casi exclusivamente a través de programas y portales deportivos.


Por eso, cuando un periodista deportivo recibe un Premio Nacional de Periodismo, como en el caso de Jesús Yáñez Orozco, no sólo se premia una trayectoria individual: se envía un mensaje claro de que el periodismo deportivo, cuando se ejerce con rigor, contexto y sentido crítico, está al nivel de cualquier otra especialidad.

 

 


El deporte no es un tema menor: es un espejo privilegiado de la política, la economía, la cultura y las tensiones sociales de un país.


Cuando hacemos bien nuestro trabajo, no sólo contamos partidos: ayudamos a explicar quiénes somos como sociedad y hacia dónde podríamos ir.


VII. Cierre: un llamado entre colegas


Compañeras, compañeros:
El periodismo deportivo no puede seguir atrapado entre la ansiedad del clic y la comodidad del rumor. Si queremos recuperar la confianza, tenemos que volver a poner en el centro cuatro palabras que nunca debimos soltar: rigor, evidencia, fuente y contexto.


Ese fue el espíritu con el que se impulsó el Día Nacional del Periodista Deportivo: no para colgarnos una medalla, sino para decirle al país que este gremio existe, que tiene historia, peso... y que está dispuesto a hacerse responsable de lo que publica.


Desde VAR Deportivo, esa convicción guía cada cobertura, cada revisión y cada dato contrastado. En un entorno donde todo parece ir más rápido, detenerse a verificar no es un lujo: es un acto de respeto hacia la audiencia y hacia nosotros mismos.


Porque al final, nosotros somos los creadores de contenido original, los que investigan, contrastan y ponen contexto. Y debemos manejarnos como tal: con responsabilidad, con autoridad y con plena conciencia del valor de nuestro trabajo.

 

Muchas gracias.